¡Cómo vas a luchar por tu visión, Adriano!

Si se miraba a las manos no encontraba la forma de entenderlo. ¡Cómo íba a luchar por encontrar su lugar en el planeta con esas manos! ¡Con ese complejo de inferioridad que le provocaba ser el chico de los botones, de las cámaras, en vez del gran hombre creativo, apasionado por la vida, capaz de alcanzar todo lo que se proponía!Se sentía tremendamente pequeño, un punto perdido entre millones. Y le gustaría que nada tuviera sentido, a veces lo había pensado: si la visión es una visión, un espejismo, una burla de la realidad… ¿Por qué seguirla? ¿A quién le importaba al fin y al cabo que su vida terminara sin que se cumpliera su visión? Porque todo aquello era una fantasía, un producto de su imaginación, de sus pesadillas y un producto de sus limitaciones.img_4199 Sigue leyendo