El encuentro con las raíces en Santo Tomé de Zabarcos

La Moraña te suele abrumar con su cielo abovedado, atravesado por el encanto, el silencio, y, a veces, por una tormenta que despide abril aporreando la viejas tejas castellanas y las paredes de adobe. Hoy era uno de esos días de brasero encendido, resguardo en las faldas de una mesa y compañía familiar. Y así lo he sentido en el regreso a uno de los pueblos de mi infancia: Santo Tomé de Zabarcos.

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