Y ver morir una librería

En plena locura de compras. Pasear por sus estanterías casi vacías ha sido una sensación entre el adiós y el expolio.

Liquidación por Jubilación. Cada letra anuncia el adiós de una nueva librería, la Santa Compaña son los últimos libros y los últimos clientes.

Estanterías que has visto repletas, hoy son un vacío de silencio y no hay lomos que griten palabras, portadas que llamen la atención de los niños… o best sellers que… ¡un momento! Sí hay best sellers, pero se agolpan uno contra otro medio tirados y desbaratados, como cuerpos muertos construidos con palabras.

Y en medio de este desastre, entra un cliente. Pide un libro que el librero ya no tiene. Compra dos archivadore y tres gomas. Le cobran tres euros. Se siente como si hubiera expoliado algo, y a la vez como el que colabora en que la agonía sea más breve. 

Cree reconocer al librero de toda la vida que tantas veces le proporcionó un libro de texto, un consejo de lectura, o que fue cómplice en alguna pillería escolar sin mayor relevancia… y se va pensando que otra librería ha muerto, que aunque haya sido por jubilación cuántas otras no se cerrarán porque no han podido adaptarse a este Nuevo Mundo…

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