A Manuel Gómez Fernández

En una redacción, a veces, es difícil encontrar una persona de la empatía y valía emocional de Manuel Gómez, siempre te recibía con una sonrisa independiente­mente de lo bien o mal que nos estuviera yendo ese día. Gracias a Dios, he sido un afortunado y me he encontrado muchos compañeros como él, pero Manuel tenía algo especial.

Para mí fue, al principio, ese presentador en el que podía confiar, quien por muy apurados que fuéramos para entregar una pieza, siempre nos recibiría con su amabilidad y sus ganas de contar buenas historias.


Pero lo mejor de todo es que, con el tiempo, se convirtió en un amigo. Alguien que, incluso en esta extraña época en la que vivimos, estaba dispuesto a darte su mayor tesoro: su tiempo.

Quizás, al principio, no intuí el aprecio y la amistad que desarrollaríamos. Pero tras los acontecimientos a los que tuvimos que enfrentarnos, lo vi claro.

Poco después de superar la dura situación económica y personal a la que vivimos en el medio en el que nos conocimos, Manuel Gómez vino a la presentación de mi primera novela: Najjar, dibújame en pólvora.

Un relato que usa la ciencia ficción como trasunto de mi experiencia cubriendo la información sobre la primavera árabe.

Cuando lo vi, en el recibidor de la embajada de Egipto en España, no me lo podía creer. Sabía que andaba en mil proyectos, preocupado, como los demás, de seguir viviendo de su vocación: presentar informativos, dar coherencia a una realidad cada vez más inasible.


Y, sin embargo, había hecho lo que habría hecho un amigo: una pausa para acercarse, un lapso en su preciosa, y ahora sabemos que corta vida, para ir a ver a un amigo.

Recuerdo la enorme alegría que me dio al contarme que volvía a la tele, en este caso, a Aragón TV, a presentar informativos, a seguir construyendo su sueño.

Un sueño ahora apagado, pero, sin duda, realizado, en pleno convencimiento, en plena entrega a la profesión en la que hizo lo más difícil: destacar como un gran compañero.

Resulta paradójico que, precisamente, haya sido Javier Ablitas, un periodista y presentador de un perfil humano totalmente parejo a Manuel, quien me haya avisado de su adiós y a través del grupo de Luz, la maquilladora que nos iluminó en los días más duros.

Te has ido demasiado pronto, amigo. Espero que puedas saludar a Luz. Dale también un abrazo de mi parte.