Diálogos desde el paro, capítulo 2: ¡Qué caso!

Cuidado con las fechas que aparecen en las papeletas del paro. Cuidado con nuestras cabezas cuando interpretan esas cifras. La situación es comprometida. La amenaza explícita en la tarjeta de eliminar tu prestación si no sellas en las fechas indicadas arriba es para tomárselo en serio. ¡Díos mío! Es día 22 y tenía que sellar el 16…

El momento peor del día para que una nueva preocupación llegue a tu vida se llama: me voy a dormir, empiezo a estar a gusto en la cama, he cogido la posturita y ¡zasca!. En tu mente aparece una pregunta: ¿Qué habrá sido de la papeleta del paro? Esa que con tanto mimo doblé y estrujé como pude en mi cartera para no perderla.

Después de batir tu nuevo récord al encontrarla en tu cartera en menos de 0,1 milésima, (se notaba que había tensión), la papeleta te mira frente a frente y te suelta el dato: día 16. ¡Sapos y culebras! ¡Hoy es día 22!

Sin reparar en más datos repasas la amenaza: se le cortarán sus prestaciones si no sella en el lugar y fecha indicados… y tu mente divaga: te ves encadenado, rodeado de agua caliente, y unas flechas que se acercan entre los árboles. Eres su merienda, eres la merienda del SEPE. El Servicio de Empleo se comerá tu prestación y te verás condenado al infierno más infernal: el paro + perder tu prestación de paro por despistado = Jungla de Cristal 7. 

Venga, va, que esto mañana lo arreglo yo, que no se habrán dado cuenta, cómo me van a haber abierto un expediente sancionador tan rápido, son realmente eficientes para sancionar, pero seguro que no se lo toman tan a mal… total sólo 6 días….

La alarma sonará media hora antes: 7:30. Venga, por si acaso. Caminas rápido para coger sitio en la cola del paro. ¡Maldita sea! Al menos una docena de personas esperan igual que tú. Desastre asegurado porque tienes una cita ineludible a las 9:30. Entra uno de los funcionarios que un día me atendieron (para bien, ya os contaré porque tuvimos una charla constructiva). El funcionario abre la oficina. Empieza el torrente de gente. Increíblemente cada uno se dirige disciplinada y rápidamente a su lugar. Miro el reloj por tercera vez. Son las 9:07. El milagro puede ocurrir.

Es mi número, llego a la mesa. Siento un poco de frío por la espalda cuando extiendo tímidamente la tarjeta del sellado. La funcionaria me mira. ¡Uy! ¡Esto está pasado! ¡A lo mejor ya te han expedientado! Trago saliba, todas las oraciones que me sé (creedme son muchas) pasan por mi cabeza. ¡Ah no! Que esto es para el 16 de octubre, no de septiembre… ¡Qué caso! …

Me ha dicho que soy un caso. ¡Y tiene razón…!

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