Adriano buscaba la seguridad perdida

Recordaba momentos en los que su seguridad se había desbordado. Cada paso era firme, tenía una dirección, hacía crecer su tronco hacia arriba. Sus ideas, incluso sus deseos se convertían en realidades. Y ahora parecía todo tan lejano.

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Lugar al que asomarse a ver si encuentras la seguridad perdida / Foto: Carlos Alameda

Su vida se había convertido, a veces, en una cárcel que él mismo estaba decorando con cuadros enmarcados con cadenas. Se había rendido, era el león domado. De hecho, a veces, dudaba de sí mismo, de que hubiera tenido criterio alguna vez. Y sí lo había tenido. Por supuesto que lo había tenido, pero en la vida es más fácil aprender lo que uno no quiere que escucharse y averiguar qué perseguimos. Es más fácil dejarse quebrar por las circunstancias que sobreponerse a ellas. Simplemente, buscaba.

Y se encontraba sólo frente a un millar de personas, hablando con total seguridad, sabiendo que controlaba a la perfección, la palabra, sus músculos, lo que había escrito, aquello en lo que había puesto todo su esfuerzo. Y además se lo había pasado bien. Había luchado entre titanes, pero estaba orgulloso de cada rasgadura en sus ropas, de cada golpe encajado y de los que él había proporcionado. A puño cerrado, con decisión y sin pedir disculpas a cada segundo.

Nada, bueno, pero todo eso eran recuerdos. Y se sentí un poco imbécil escribiendo sobre el tema en plan poético, sentado en su teclado con un vaso de agua a medias rodeado de un micrófono que apenas salía de su carcasa. Se sentía gilipollas, para qué decir más.

Las cintas sobre la seguridad ya no eran consuelo. Aunque le estaban haciendo recordar quién era. De algún modo, es como si a base de ceder hubiera cedido ya hasta el último espacio que estaba dispuesto a ceder.

No quería escuchar más voces, no quería oír hablar de más cosas que no le importaban, no hoy, no después de un día del que salía pisoteado, y que le obligaba a irse a dormir sin haber encontrado nada valioso en su interior. Y eso que lo había buscado.

 

 


Carlos Fernández-Alameda

29 de abril de 2016

 

 

 

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