Creo que se está extendiendo una peligrosa moda y tiene que ver con el desayuno

Esta semana ya son dos los estudiantes que han tenido problemas en clase por lo mismo. Los dos han acabado en la enfermería.

Una chica me miraba con ojos cansados desde el pupitre. Pensé: ha dormido mal.

El chico tenía los mismos ojos y una lánguida actitud corporal.

Pertenecían a grupos de clase distintos. A la media hora de haber comenzado la clase me piden salir a la enfermería.

El diagnóstico: no han desayunado. Les pregunto: ¿por qué? ¿cuál es el motivo por el que no habéis tomado algo antes de venir?.

Unos de los casos me refiere problemas con la lactosa. Ante lo que claramente se puede hacer un desayuno con alguna bebida vegetal y fruta.

El otro, sospecho, no tiene una razón muy clara. Es que no me apetece, es que me sienta mal comer tan pronto. Le pregunto: y luego a las 11 comerás algo, ¿verdad?. No, no como hasta las 4 de la tarde, me contesta.

Eso sí que es un ayuno, pienso yo. Pero me pregunto: ¿se está extendiendo la moda de no desayunar entre los adolescentes? ¿Os ha pasado algo parecido?

Enredadera de decisiones

Sé que tengo mucho que hacer, pero amiga enredadera de las decisiones, hoy estoy decidido a apartar algunas obligaciones… y darte el plomazo. Porque tengo un incendio en mis venas.

Enredadera de las decisiones

Hoy vengo decidido a darte el plomazo, enredadera de las decisiones

No es fácil llegar a los 30. No es fácil buscar nuevos rumbos. Salir de tu zona de confort continuamente. Y aquí estoy, enredadera de las decisiones, recordando a aquel adolescente que fui un día y que recibió una gran lección.

Frente al abismo de una decisión nos colocamos sin quererlo todos los días. Pero uno es perfectamente consciente de que existen unas cuantas cuya relevancia marcará el resto de su vida.

Recuerdo la tienda de recuerdos. Recuerdo mi mano temblorosa señalando el regalo con escoba y bola de cristal que iba a predecir el futuro de un modo extraño. Al pagarlo, el tendero me dio una gran lección. Hoy piensas que te casarás con ella, ¿verdad?. Muy ufano contesté: ¡Sí!. La mirada del comerciante se torció un ápice y comentó: ¡Anda que no te queda! ¡Puede ser la primera pero seguro que no será la única!

Ese mismo año su teoría se confirmó. La vida giró bruscamente  y acabó con mis planes en centésimas de segundo... (En realidad esas centésimas se te hacen un poco largas cuando eres adolescente…. para qué engañarnos). Hoy la enredadera de las decisiones lleva soportando hipótesis casi dos años.

Con 27 oí la voz: ¡Escribe! Y obedecí. Desde lo más profundo de mi corazón. Escribir con corazón, ahora más que nunca. Hice de esas palabras mi lema personal. ¡Vale! ¿Y qué tiene que ver esto con lo anterior?

Hoy no compro un regalo. Compro una idea de lo que me gustaría que fuera mi futuro. Creo que estoy eligiendo bien, que las características de lo que busco están cuadrando, y vuelvo a caer en el error: Creo que de esa decisión dependerá el resto de mi vida. En realidad, no sé si esto me lo está diciendo la enredadera o es una vocecilla casi imperceptible que se ha colado en mi tímpano y no quiere despertarme…

Y me palpita el corazón frente al abismo, y mis venas se llenan de fuego, están en combustión porque mi sangre es hoy gasolina. Sólo cuando las olas rompan contra las rocas con la fuerza del presente podré saber qué ocurrirá con esta llama.