Mi primera clase como «profesor de español»

Como voluntario, actuando como oyente, a cargo de una profesional de la enseñanza de español, con un grupo de alumnos que han sido hoy mis profesores, y doy por seguro que lo seguirán siendo. Por eso he escrito entre comillas «profesor de español».  Sigue leyendo

Una historia que escribiremos entre todos

Quería contaros algo. En breve voy a incluir en el blog la historia de un personaje sobre el que estoy trabajando. Será como una novela por capítulos en formato diario. También me apetece que participéis en ella, así que añadiré encuestas sobre qué queréis que le ocurra. ¿Qué os parece? Será como escribirlo entre todos…

Enredadera de decisiones

Sé que tengo mucho que hacer, pero amiga enredadera de las decisiones, hoy estoy decidido a apartar algunas obligaciones… y darte el plomazo. Porque tengo un incendio en mis venas.

Enredadera de las decisiones

Hoy vengo decidido a darte el plomazo, enredadera de las decisiones

No es fácil llegar a los 30. No es fácil buscar nuevos rumbos. Salir de tu zona de confort continuamente. Y aquí estoy, enredadera de las decisiones, recordando a aquel adolescente que fui un día y que recibió una gran lección.

Frente al abismo de una decisión nos colocamos sin quererlo todos los días. Pero uno es perfectamente consciente de que existen unas cuantas cuya relevancia marcará el resto de su vida.

Recuerdo la tienda de recuerdos. Recuerdo mi mano temblorosa señalando el regalo con escoba y bola de cristal que iba a predecir el futuro de un modo extraño. Al pagarlo, el tendero me dio una gran lección. Hoy piensas que te casarás con ella, ¿verdad?. Muy ufano contesté: ¡Sí!. La mirada del comerciante se torció un ápice y comentó: ¡Anda que no te queda! ¡Puede ser la primera pero seguro que no será la única!

Ese mismo año su teoría se confirmó. La vida giró bruscamente  y acabó con mis planes en centésimas de segundo... (En realidad esas centésimas se te hacen un poco largas cuando eres adolescente…. para qué engañarnos). Hoy la enredadera de las decisiones lleva soportando hipótesis casi dos años.

Con 27 oí la voz: ¡Escribe! Y obedecí. Desde lo más profundo de mi corazón. Escribir con corazón, ahora más que nunca. Hice de esas palabras mi lema personal. ¡Vale! ¿Y qué tiene que ver esto con lo anterior?

Hoy no compro un regalo. Compro una idea de lo que me gustaría que fuera mi futuro. Creo que estoy eligiendo bien, que las características de lo que busco están cuadrando, y vuelvo a caer en el error: Creo que de esa decisión dependerá el resto de mi vida. En realidad, no sé si esto me lo está diciendo la enredadera o es una vocecilla casi imperceptible que se ha colado en mi tímpano y no quiere despertarme…

Y me palpita el corazón frente al abismo, y mis venas se llenan de fuego, están en combustión porque mi sangre es hoy gasolina. Sólo cuando las olas rompan contra las rocas con la fuerza del presente podré saber qué ocurrirá con esta llama.

 

El profesor: paciente hortelano

Igual que como profesor, como escritor muchas veces aprendes más de tus personajes, de su contexto y de los lectores que lo que tú puedes llegar a pensar…. 

Profesor y alumnos

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Diálogos desde el paro. Cap I: El campo de batalla

Había oído que existían y ¡qué narices! ¿Por qué no aventurarse? Así que cogió su casco, su fusil, unas botas negras, cuatro botellas de agua y unos complejos vitamínicos. Porque hoy era su día, hoy encontraría una oferta laboral digna en el mundo del periodismo.

Salvad al soldado periodista

Salvad al soldado periodista

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Paternidades frustradas

No trato de rellenar el dibujo inacabado de mi alma, ni de aposentar sobre sus hombros el trabajo incompleto, ni de secuestrar su vida en aras de ambiciones insatisfechas, ni de que su mente se convierta en una extensión de mis desaciertos, simplemente quiero cuidar, ver crecer, apoyar, querer, amar, a quién luego escapará a su libre albedrío con o sin agradecimiento en sus labios. Sigue leyendo

Personas que un día fuimos

Tengo unas cuantas notas agolpadas en la mesa: hojas arrancadas de una libreta. La única manera de ordenarlas es fijarse en un número que llevan escrito en el margen derecho, arriba. Esa secuencia las une,  quizás también el contenido. Ellas me remiten irremisiblemente a un punto concreto de mi vida.

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Las notas de un cuaderno o personas que un día fuimos

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La rebelión interna que dice: escribe

La rebelión interna que dice: escribe

Lo confieso, soy cobarde. ¿Puede que también me hayan hecho cobarde? ¡Qué importa! Es lo que siento. La dificultad de «deber ser» mil personas en una para encontrar unos ingresos estables que permitan seguir presionando teclas, poniendo en marcha neuronas para construir algo que merezca la pena con los lectores. 

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Encontrar tu elemento. Ya lo sé, me siento en el paraíso con un teclado y buenas lecturas a mi alrededor, apuntando en las notas de un móvil algo que me llama la atención, recordando conversaciones con amigos, sentimientos que se desprenden de las historias que me cuentan, con la intención de reflejar esas ideas de alguna forma en nuevas páginas.

Pero hay que dar de comer al cerebro. Es una pequeña incomodidad.

Fijaos en este razonamiento. ¿No os suena mucho a pensamiento único? «Hay que dar de comer…» Es una frase que lleva implícita una idea que es dinamita pura: escribiendo no comerás, primero busca un trabajo serio, luego filosofa. Cuántos actores y artistas han oído esto. 

Pues mi cuerpo me pide marcha, me pide rebelión. Las ideas se han agolpado en la puerta de mi Parlamento Neuronal, llevan estacas, antorchas de fuego, y pancartas con un mandato: ¡Escribe!. Vienen dispuestas a prender fuego a todos los grupos neuronales que votan en contra del arte, que se apoltronan en sus sofás de cuero esperando la llegada de un rescate, que ante la moción de censura que hierve por dentro contra ellas están dispuestas a decir: ¡No!. 

Son bellas, valientes, fuertes y vienen con el corazón palpitante porque tienen mucho que decir. Están a las puertas. Siento el calor de sus antorchas como una brizna de aire seco de agosto resbalando por las mejillas. El corazón palpita muy fuerte, se dilatan sus vasos, sube el torrente sanguíneo… Están a las puertas… y ¡se me ha caído la llave de la emoción!. Recoger rápido, introducir, girar, abrir…